El Sueño de un Bebedor

Bebí lentamente de la botella como si se tratar de un veneno mortal que presagiara mi muerte, fui bebiendo poco a poco, mientras sentado solo a la mesa y a la vez acompañado de otros solitarios bebedores como yo, fui viendo descender el líquido que se había vuelto vital para mí pesar. Al final empine la botella para saborear los últimos sorbos  y sentí el quemante liquido descender por mi garganta, hasta la última gota.

Más tarde revise las bolsas de mi pantalón, y no quedaba ni una moneda para un trago más. Un calor abrazador me subió por el cuerpo al pensar en la sed que me quemaba el alma, como si ya hubiera descendido al mismo infierno, mire con ojos sonámbulos los vasos servidos en el bar frente a sus afortunados dueños. Cerré los ojos un instante. Luego me incliné para buscar un cigarrillo en la bolsa de mi chaqueta colgada a un extremo de la silla, pero no lo pude encontrar, luego como por arte de magia una botella llena de coñac se hallaba frente a mí y al lado un vaso limpio de vidrio, mire a mí alrededor ¿Quién la había colocado allí? El cantinero estaba al otro extremo de la mesa sirviendo a una pareja. Bueno sin meditar tanto serví la primera vez mi vaso lleno del delicioso coñac, semejante a la bebida de los dioses si lo comparaba con mi anterior trago de alcohol. Fui bebiendo rápidamente hasta que vacié la botella, luego de lo cual me retiraría velozmente para evitar que me fuera cobrada. Pero, cuando serví los últimos sorbos restantes de la botella de coñac, descubrí e el interior a una bella mujercita encerrada en la botella de vidrio, froté mis ojos asombrado y pensé “Vaya que estoy ebrio” – luego la vi sacudir la mano saludándome y sonriendo, era una pequeña mujercita de rubios cabellos que le caían hasta los hombros y de piel clara. Y allí estaba delgada y semi desnuda en la botella, era en efecto una muñequita viviente.

  • Qué bonita eres – musité y me sonrió alegre.

Introduje mi dedo meñique dentro de la botella y ella con sus manos delgadas y diminutas se sostuvo para poder salir de su prisión de vidrio, estaba casi a punto de salir cuando resbalo y cayó nuevamente hasta el fondo de la botella dolorosamente. Me asuste al ver su caída pero aún más al ver que la maldita botella de manera mágica comenzaba a llenarse de nuevo de coñac desde el fondo hacia arriba y con la mujercita rubia dentro. Ella daba saltos desesperada por no ahogarse literalmente en el alcohol. Quise encontrar en vano algún instrumento que introducir, y la única solución viable era nuevamente vaciar la botella, llene de prisa el vaso y lo bebí y así consecutivamente hasta que la botella quedo vacía nuevamente.

Ahí estaba ella viva y complacida de que había salvado su vida, recliné mi cabeza en la mesa del bar y la mire de frente, ella me saludo sonriendo de nuevo y la miré largamente, así como se mira una estrella en una oscura noche de tinieblas y dije en voz alta y con orgullo “Que hermosa eres”. Una carcajada rompió mi encanto seguida de un rumor de voces burlonas, alce los ojos y todos los bebedores me observaban riéndose y diciendo “Miren se ha enamorado de la botella”.

– Vanessa Alberoni. 

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